El
acuerdo firmado con el mayor enemigo de Estados Unidos desde la caída
de la Unión Soviética, identificado como el “eje del mal”, es
un sacudón en la geopolítica mundial de incalculables
consecuencias. Lo que está en juego, además de la paz, es la
continuidad del petrodólar, o sea la hegemonía de la moneda
estadounidense.
Hace
unos meses parecía inalcanzable. Antes de la primavera árabe era
imposible. Pero después del acuerdo que evitó una invasión a
Siria, forzado por Rusia, todo parece posible en Medio Oriente y, tal
vez, en otras partes del mundo. El entramado de alianzas que durante
medio siglo mantuvo cierta estabilidad en la región se ha
desvanecido. Los tres aliados tradicionales de Estados Unidos,
Israel, Arabia Saudí y Egipto, van perfilando caminos divergentes
respecto a la superpotencia, mientras Rusia ensaya su retorno y China
aumenta su protagonismo en una región clave.